Llevo unos días bastante pensativa. Miro a mi alrededor y no puedo más que ver TODO lo bueno que tengo: trabajo estable, amigos y compañeros que me aprecian, mi casa recién estrenada, una familia que me quiere y me apoya, y salud no sólo yo sino también mis allegados.
Comer en el trabajo no sólo hace que crees vínculos con tus compañeros de trabajo, esos que son de tu equipo y con los que estás codo con codo. También los creas con otra gente que aunque no trabajan contigo el simple hecho de coincidir cada día en el baño, al entrar, al salir o en el comedor, de alguna manera también se hacen amistades y crean relaciones peculiares pero bonitas.
Cuando llegamos nuevos el año pasado conocimos a M una chica de 42 años y madre de 2 hijos a la que apodamos la buenro, entre mis compis y yo, solamente por el buen rollo que daba sentarse a su lado. Con el pelo en una melena corta rizada a lo afro y en color caoba, M siempre sabía cómo dominarla. Vestía muy moderna y con colores muy llamativos y solía llevar grandes pendientes adornando. Pero lo que más adornaba era SU sonrisa. En el rato de la comida pronto nos dimos cuenta de que M era especial: siempre positiva, siempre de rollo, siempre adelante, todo iría bien... Incluso nos contó que hace años pasó por un cáncer de mama... y un buen día M dejó de venir a trabajar.
En la época en que estuve haciendo tardes allá por marzo, una tarde vi a una chica que me sonaba mucho pero no terminaba de saber quién era... hasta que me di cuenta.... Era M que de nuevo debía enfrentarse a la enfermedad que ya una vez venció Y por eso no la reconocí... Estaba bastante deteriorada por los tratamientos pero llevaba un gorrito de lana con flores que sólo M podría llevar y por eso la reconocí. Hace cosa de un mes M estuvo por allí a llevar papeles, iba muy maquillada aún con pañuelo, y si la primera vez me costó reconocerla ahora no os cuento...
Dudé si levantarme a saludarla... quizás no me recuerde... y qué le digo? Quizás le moleste... tal vez no es ella... Pero al pasar por mi lado fue como si algo me pinchara en el culo y me levanté. Le di dos besos y le pregunté qué tal estaba... me dijo que ahí iba, que había tenido tratamiento tras tratamiento pero que ahora habían parado y que se estaba recuperando de todo lo que le habían hecho, que ella lo único que le había dicho a los médicos es que no importaba lo que hubiera que hacer ni cuántos tratamientos probar, pero que tenían que curarla. No recuerdo en qué momento le cogí las manos y de las apreté fuerte para infundirle toda mi fuerza... Claro que era M, era la misma M fuerte y positiva y sonreía Igual, sólo que más cansada. Me despedí de ella deseándole que todo fuese genial y que pronto la tuviéramos de nuevo por allí , y ella me contestó que creía que muy pronto los médicos la dejarían volver.
Hace cuestión de diez días nos enteramos de que M estaba ingresada y tristemente ya no saldrá del hospital, pudo superar un cáncer de mama pero todos sabemos que una metástasis en el cerebro era muchísimo más complicada. Si a mí no se me va de la cabeza, cómo estarán su marido, sus hijos aún tan pequeños para vivir algo tan duro, su familia... ¿Y ella? Estaba preparada para esto? No lo creo, cuando alguien es tan luchador nunca quiere rendirse, pero por otro lado muchos nos hemos planteado si verdaderamente M no fue a despedirse de todos nosotros y a darnos un ejemplo más de fuerza, entereza y valentía...
El mundo necesita más personas como M luchadoras y dispuestas a seguir sin importar el cansancio porque rendirse NO es una opción. El 8 de noviembre hizo un año que mi padre entró a quirófano por primera vez, y el 21 hará un año también que supimos el mazazo del diagnóstico. Cuando vi a M la última vez, me acordé de que hacía pocas semanas habíamos sabido que mi padre estaba limpio y creo que eso fue lo que me empujó a levantarme: merecía que le diera todas mis fuerzas por la lección que sin ella saberlo me había dado en cada almuerzo.
Y aunque ni M ni nadie de su entorno vaya a leer estas palabras, he sentido la necesidad de plasmar con palabras la rabia que siento ahora esperando el injusto final de alguien que en tan pocos momentos me dio tanto y tan bueno.
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lunes, 13 de noviembre de 2017
lunes, 5 de septiembre de 2016
EL PODER DE LAS PALABRAS
Muy buenos días de lunes a todo el mundo, ¿Qué tal habéis pasado el fin de semana? Por aquí muchas nubes pero mucho calor y más bochorno aún, me dispongo a encarar la última semanita de trabajo pues finalmente me han dado dos semanas de vacaciones (aunque de momento no tengo intención de cerrar el blog).
Hoy no sabía muy bien de qué hablar así que voy a hacer una de esas reflexiones que hago a veces así un poco improvisadas, al estilo de los jueves de mi querida Marigem. Y es que yo siempre le he dado mucha importancia a las palabras... Puede que sea deformación profesional de periodista, las palabras que escogemos a la hora de escribir y a la hora de hablar tienen más importancia de lo que muchas veces creemos porque pueden cambiar hasta el sentido de una frase, el significado, o incluso lo que queremos decir. Si las escribimos, es importante para dar buena impresión escoger la palabra correcta y al mismo tiempo escribirla correctamente sin cometer faltas de ortografía, si las empleamos para hablar hay que saber qué palabra utilizar y en que contexto vamos a hacerlo, porque puede que no sea el momento ni el lugar para utilizarla: No empleamos el mismo lenguaje con amigos que con nuestros padres, ante desconocidos o en el trabajo, en un momento triste o en un momento alegre... A veces incluso podemos arrepentirnos de algo que hemos dicho, bien porque no era oportuno o porque sin querer hemos herido a la otra persona... Por eso hay un refrán o dicho muy cierto que dice que hay que "pensar antes de hablar".
La verdad es que yo siempre he tenido cierta incontinencia verbal, soy muy de decir lo que pienso o siento, pero no sé si es fruto de la madurez o del paso de los años pero el caso es que cada vez más, me tomo un minuto para pensar, un instante en el que trato de buscar la palabra adecuada para ese momento... Porque uno de los poderes que más me gustan de las palabras es el poder de sanar.
Escuchar antentamente a alguien que está mal y reconfontarlo con palabras sanadoras a veces puede aliviar tanto como encontrar la solución a lo que le preocupa. Yo suelo refugiarme en estos momentos en amigos, amigos que sé que me van a escuchar y van a buscar palabras de consuelo. Lo que pasa es que hay veces o personas que prefieren contar sus cosas a alguien de fuera de su cículo, precisamente porque pueden ver la situación con mayor objetividad y ayudarte a buscar una solución. Recuerdo una ocasión trabajando en el zulo en la que mi compañera estaba de vacaciones de Navidad y la chica que la estaba sustituyendo me contó una serie de problemas que estaba teniendo con la que en ese momento era su pareja. Un tío ciego que se compadecía de sí mismo, se daba lástima y cuando ella le decía que sacara la basura o al perro (su perro guía) ponía excusas de lo más imbéciles para que lo hiciera ella...
Me sorprendió que me contara todo aquello a mí, alguien que prácticamente acababa de conocer y me dijo eso, que precisamente yo que era alguien ajena a esa realidad era a quien ella necesitaba contarlo, porque le iba a dar mi opinión sincera sin necesidad de juzgarla, porque lo que opinaban sus amigos o su familia ella ya lo sabía. Y es que ya véis solo hace falta saber escuchar a las personas y poner un poquito de empatía, para luego de la mejor manera que uno sepa tratar de buscar las palabras adecuadas para sanar, para reconfortar, para decirle a esa persona que en ese momento está a tu lado y te necesita que estás ahí escuchando y vas a tratar de aconsejarla... ¿Os habéis parado a pensar alguna vez que a veces las palabras sanan tanto como un abrazo? ¿Que solo con el hecho de escuchar a alguien que lo necesita ya estamos haciendo mucho?
Yo cuando estoy mal muchas veces me trago lo que siento y llega un momento en que parece que ya no puedo guardarme eso más y necesito sacarlo, es como que me quema por dentro. Me alivia escribirlo, me alivia decirlo, incluso me alivia llorarlo... no perdáis nunca la oportunidad de decir aquello que sentís, aquello que os duele, o esa palabra de consuelo que el otro necesita, porque nunca sabremos el bien que podemos llegar a estar haciendo.
Buen lunes
Hoy no sabía muy bien de qué hablar así que voy a hacer una de esas reflexiones que hago a veces así un poco improvisadas, al estilo de los jueves de mi querida Marigem. Y es que yo siempre le he dado mucha importancia a las palabras... Puede que sea deformación profesional de periodista, las palabras que escogemos a la hora de escribir y a la hora de hablar tienen más importancia de lo que muchas veces creemos porque pueden cambiar hasta el sentido de una frase, el significado, o incluso lo que queremos decir. Si las escribimos, es importante para dar buena impresión escoger la palabra correcta y al mismo tiempo escribirla correctamente sin cometer faltas de ortografía, si las empleamos para hablar hay que saber qué palabra utilizar y en que contexto vamos a hacerlo, porque puede que no sea el momento ni el lugar para utilizarla: No empleamos el mismo lenguaje con amigos que con nuestros padres, ante desconocidos o en el trabajo, en un momento triste o en un momento alegre... A veces incluso podemos arrepentirnos de algo que hemos dicho, bien porque no era oportuno o porque sin querer hemos herido a la otra persona... Por eso hay un refrán o dicho muy cierto que dice que hay que "pensar antes de hablar".
La verdad es que yo siempre he tenido cierta incontinencia verbal, soy muy de decir lo que pienso o siento, pero no sé si es fruto de la madurez o del paso de los años pero el caso es que cada vez más, me tomo un minuto para pensar, un instante en el que trato de buscar la palabra adecuada para ese momento... Porque uno de los poderes que más me gustan de las palabras es el poder de sanar.
Escuchar antentamente a alguien que está mal y reconfontarlo con palabras sanadoras a veces puede aliviar tanto como encontrar la solución a lo que le preocupa. Yo suelo refugiarme en estos momentos en amigos, amigos que sé que me van a escuchar y van a buscar palabras de consuelo. Lo que pasa es que hay veces o personas que prefieren contar sus cosas a alguien de fuera de su cículo, precisamente porque pueden ver la situación con mayor objetividad y ayudarte a buscar una solución. Recuerdo una ocasión trabajando en el zulo en la que mi compañera estaba de vacaciones de Navidad y la chica que la estaba sustituyendo me contó una serie de problemas que estaba teniendo con la que en ese momento era su pareja. Un tío ciego que se compadecía de sí mismo, se daba lástima y cuando ella le decía que sacara la basura o al perro (su perro guía) ponía excusas de lo más imbéciles para que lo hiciera ella...
Me sorprendió que me contara todo aquello a mí, alguien que prácticamente acababa de conocer y me dijo eso, que precisamente yo que era alguien ajena a esa realidad era a quien ella necesitaba contarlo, porque le iba a dar mi opinión sincera sin necesidad de juzgarla, porque lo que opinaban sus amigos o su familia ella ya lo sabía. Y es que ya véis solo hace falta saber escuchar a las personas y poner un poquito de empatía, para luego de la mejor manera que uno sepa tratar de buscar las palabras adecuadas para sanar, para reconfortar, para decirle a esa persona que en ese momento está a tu lado y te necesita que estás ahí escuchando y vas a tratar de aconsejarla... ¿Os habéis parado a pensar alguna vez que a veces las palabras sanan tanto como un abrazo? ¿Que solo con el hecho de escuchar a alguien que lo necesita ya estamos haciendo mucho?
Yo cuando estoy mal muchas veces me trago lo que siento y llega un momento en que parece que ya no puedo guardarme eso más y necesito sacarlo, es como que me quema por dentro. Me alivia escribirlo, me alivia decirlo, incluso me alivia llorarlo... no perdáis nunca la oportunidad de decir aquello que sentís, aquello que os duele, o esa palabra de consuelo que el otro necesita, porque nunca sabremos el bien que podemos llegar a estar haciendo.
Buen lunes
lunes, 5 de octubre de 2015
DE VÍCTIMAS Y VERDUGOS
Buenos días, ¿qué tal todo? Espero que muy bien, y que hayáis pasado un fin de semana mejor que el mío (enclaustrada en el zulo).
Para hoy quería compartir con vosotros una reflexión sobre algo que me sucedió hace unos días: veréis, hace unos meses fui a cenar con una amiga, una chica poco mayor que yo, que había conocido aproximadamente un año antes y con la que había congeniado fenomenal... en un principio había también un chico que era muy amigo de ambas (mi amiga y yo). Salíamos juntos y éramos confidentes... Con el tiempo ellos dos dejaron de ser amigos: él decía que ella era muy infantil pese a pasar de los 30, y sobretodo una persona egoísta, que solo miraba por ella misma y que le daba la vuelta siempre a la tortilla para hacerte quedar mal a tí y quedar ella como víctima... Sí, tenía comportamientos infantiles como cabrearse si él y yo hablábamos de quedar sin ella, sin embargo entre ellos quedaban 70 veces yo no iba y no pasaba nada....Éramos adultos (o eso pensaba yo).
Como os decía, hace unos meses quedé con ella y de repente vi la luz, vislumbré que este chico tenía razón en todo lo que decía sobre ella. Que esta persona era la inmadurez personificada, decía ser empática y creo que no sabía verdaderamente cuál es el significado de la palabra, y sobretodo se comportó conmigo como una auténtica cotilla tratándome de sacar información sobre las circunstancias de mi nacimiento (de las que os hablé aquí), un tema del que no hablo con cualquiera y del que ya le había manifestado en ocasiones que me era un tanto incómodo hablar, pero le dió lo mismo, y metió el dedo en la llaga hasta el fondo, sin ningún tipo de reparo, a pesar de que yo estaba completamente a cuadros y sin saber muy bien cómo salir de ahí. Capoteé como pude y respondí a todas sus preguntas a pesar de sentir por dentro, que una AMIGA no te hace sentir tan incómoda gratuitamente, y sobre todo no reacciona ante tus respuestas con la madurez mental de un pez.
Llegué a casa con mal sabor de boca y pensé que se me pasaría durmiendo. Pero a la mañana siguiente me desperté con la misma sensación, pensé en escribirle y hacerla partícipe de mi sensación, pero vinieron a la mente las palabras de mi amigo y pensé: ¿Para qué le voy a escribir? Se hará la víctima y ya suficiente mal rato me hizo pasar ayer... A lo largo del día lo fui viendo todo con más claridad: no quería en mi vida a alguien así, son personas totalmente prescindibles. Si antes ella era una descastada y tenía que escribirle yo para que al cabo de las horas contestara... entonces fue ella la que me escribió un par de veces aisladas y contesté con evasivas que estaba muy ocupada. No he sabido nada de ella en todo el verano, y justo el otro día va y me escribe para quedar. Le vuelvo a decir que estoy muy liada y con mil cosas (es verdad, ya os contaré), me insiste y no contesto, y al rato me escribe para decirme que estoy muy poco receptiva y muy seca, que la culpa es suya por interesarse por mí y ya ve que ha hecho mal....
Pero vamos a ver tía tu eres imbécil??? Cuántas veces te he escrito yo y tu me has contestado a las dos horas o a los dos días??? Te pones de víctima?? Tu nunca haces nada mal no? Y me diréis quizás que tendría que haberle dicho que me molestó su interrogatorio a bocajarro... pero creo que hay cosas que no hacen falta decir. Yo sé perfectamente cuando peco de hablar de más y no callo a tiempo, y alomejor no lo expreso pero hago examen de conciencia conmigo misma, y doy vueltas y espero que esa persona que me importa (si es que de verdad me importa) no se haya enfadado conmigo por hacer alguna pregunta o comentario desafortunado, en un momento poco apropiado. Esta persona a la que ya NO considero mi amiga, sabía perfectamente que se movía por tierras pantanosas, por tanto, estoy casi segura de que en algún momento viendo mi "repentina desaparición", habrá pensado en aquella conversación, o al menos en que tal vez en algún momento ella haya dicho o hecho algo que me haya molestado....
O no.... quizás solamente es lerda perdida y ya está, pero si por tu cuenta y riesgo decides escribir, ¿A qué viene echar en cara?
Para hoy quería compartir con vosotros una reflexión sobre algo que me sucedió hace unos días: veréis, hace unos meses fui a cenar con una amiga, una chica poco mayor que yo, que había conocido aproximadamente un año antes y con la que había congeniado fenomenal... en un principio había también un chico que era muy amigo de ambas (mi amiga y yo). Salíamos juntos y éramos confidentes... Con el tiempo ellos dos dejaron de ser amigos: él decía que ella era muy infantil pese a pasar de los 30, y sobretodo una persona egoísta, que solo miraba por ella misma y que le daba la vuelta siempre a la tortilla para hacerte quedar mal a tí y quedar ella como víctima... Sí, tenía comportamientos infantiles como cabrearse si él y yo hablábamos de quedar sin ella, sin embargo entre ellos quedaban 70 veces yo no iba y no pasaba nada....Éramos adultos (o eso pensaba yo).
Como os decía, hace unos meses quedé con ella y de repente vi la luz, vislumbré que este chico tenía razón en todo lo que decía sobre ella. Que esta persona era la inmadurez personificada, decía ser empática y creo que no sabía verdaderamente cuál es el significado de la palabra, y sobretodo se comportó conmigo como una auténtica cotilla tratándome de sacar información sobre las circunstancias de mi nacimiento (de las que os hablé aquí), un tema del que no hablo con cualquiera y del que ya le había manifestado en ocasiones que me era un tanto incómodo hablar, pero le dió lo mismo, y metió el dedo en la llaga hasta el fondo, sin ningún tipo de reparo, a pesar de que yo estaba completamente a cuadros y sin saber muy bien cómo salir de ahí. Capoteé como pude y respondí a todas sus preguntas a pesar de sentir por dentro, que una AMIGA no te hace sentir tan incómoda gratuitamente, y sobre todo no reacciona ante tus respuestas con la madurez mental de un pez.
Llegué a casa con mal sabor de boca y pensé que se me pasaría durmiendo. Pero a la mañana siguiente me desperté con la misma sensación, pensé en escribirle y hacerla partícipe de mi sensación, pero vinieron a la mente las palabras de mi amigo y pensé: ¿Para qué le voy a escribir? Se hará la víctima y ya suficiente mal rato me hizo pasar ayer... A lo largo del día lo fui viendo todo con más claridad: no quería en mi vida a alguien así, son personas totalmente prescindibles. Si antes ella era una descastada y tenía que escribirle yo para que al cabo de las horas contestara... entonces fue ella la que me escribió un par de veces aisladas y contesté con evasivas que estaba muy ocupada. No he sabido nada de ella en todo el verano, y justo el otro día va y me escribe para quedar. Le vuelvo a decir que estoy muy liada y con mil cosas (es verdad, ya os contaré), me insiste y no contesto, y al rato me escribe para decirme que estoy muy poco receptiva y muy seca, que la culpa es suya por interesarse por mí y ya ve que ha hecho mal....
Pero vamos a ver tía tu eres imbécil??? Cuántas veces te he escrito yo y tu me has contestado a las dos horas o a los dos días??? Te pones de víctima?? Tu nunca haces nada mal no? Y me diréis quizás que tendría que haberle dicho que me molestó su interrogatorio a bocajarro... pero creo que hay cosas que no hacen falta decir. Yo sé perfectamente cuando peco de hablar de más y no callo a tiempo, y alomejor no lo expreso pero hago examen de conciencia conmigo misma, y doy vueltas y espero que esa persona que me importa (si es que de verdad me importa) no se haya enfadado conmigo por hacer alguna pregunta o comentario desafortunado, en un momento poco apropiado. Esta persona a la que ya NO considero mi amiga, sabía perfectamente que se movía por tierras pantanosas, por tanto, estoy casi segura de que en algún momento viendo mi "repentina desaparición", habrá pensado en aquella conversación, o al menos en que tal vez en algún momento ella haya dicho o hecho algo que me haya molestado....
O no.... quizás solamente es lerda perdida y ya está, pero si por tu cuenta y riesgo decides escribir, ¿A qué viene echar en cara?
lunes, 6 de julio de 2015
HAY GENTE QUE NO FILTRA
Muy buenos días de lunes a todos. Hoy vengo a compartir con vosotros una reflexión sobre un tema que he venido observando últimamente: y es que hay gente que cuando habla no filtra... es decir que suelta las cosas sin pensar. Sin pensar en si lo que está diciendo, en el contexto y con la gente que se encuentra, es adecuado o no...
Es una cuestión a la que he llegado observando a mi alrededor y preguntándome a qué edad piensa la gente usar la cabeza y hablar habiendo pensando antes en lo que dice... Me refiero a gente que pasa (o ha pasado) más o menos por mi vida, aunque afortunadamente no son personas a las que trato a diario aunque sí con frecuencia. Yo siempre he sido muy impulsiva, y es cierto, que alguna que otra vez mis impulsos me han puesto en un aprieto por bocazas, me he ido puliendo yo misma, y con los años he aprendido a ser mucho más prudente y a soltar burradas cuando estoy en total confianza. También es verdad, que esa etapa bocazas de la que os hablo, pues era en mi adolescencia y adultez (os hablo de entre los 16 - 19 años) que quieras que no, es una etapa de aprendizaje en la que uno poco a poco va comprendiendo que debe pensar antes de hablar. Bien es cierto que mis "amistades" en esa época en lugar de comprenderme, tener paciencia y aconsejarme bien (porque yo no era consciente de tales burradas y no pensaba que pudiera ofender o sentar mal), me dieron de lado e hicieron el vacío sin que obviamente yo comprendiese nada, y al final comprendí que eso no eran amistades verdaderas y que era mejor estar sola que mal acompañada.
Afortunadamente la vida me ha premiado con amigas como L. y E. con las que estoy absolutamente en confianza y me conocen, podemos decir las burradas que queramos sin sentirnos juzgadas, y reírnos tan a gusto de la vida. Esa es la cuestión, que hay que ver en qué contexto se dice... El fin de semana pasado (este no el anterior), aunque me tocó trabajar L. y su marido organizaron una cena improvisada en su casa, a la que acudimos y C. y su pareja J. y E. y yo. Bien, en medio de la cena no recuerdo exactamente a cuento de qué, comenzamos a hablar de trabajo, concretamente de la chica que nos sustituye a E. y a mí cuando nos pedimos algún día.
Es una chica que nos está sustituyendo desde Navidad, no es mala chica pero me pone un poco nerviosa porque le falta un hervor. La clásica chica modosita y tímida pero que REPITO, le falta un hervor. Tiene que asistir un día a la semana (mañana o tarde) a la ofi para ponerse al día de lo que ha sucedido durante la semana, a modo de reciclaje, y así cuando le toque sustituir estar al corriente de lo que ha ido sucediendo. Pues bien, la chica que la única labor que le conocemos es acudir una tarde a la semana a una academia para preparar las mismas opos que yo, y una labor de voluntariado, suele acudir los fines de semana a la ofi.... Sí esos dos días que E. y yo trabajamos porque no nos queda otra pero que odiamos, y si desde luego nos dieran la opción de acudir cualquier mañana o tarde de la semana, lo último que haríamos sería acudir en fin de semana... La rabia que me da es que los fines de semana NO hay trabajo, y como no hay trabajo pues no se recicla, y si encima le faltan unos POCOS de hervores pues... francamente me preocupa. Pero si luego no sabe hacer nada ella allá... yo no pienso cogerle el teléfono si me llama...
El caso es que como se aburre pues a veces (sobretodo cuando va por las mañanas), se mete en el cuartillo de los chismes a dormir un ratito, en lo que L. denomina muy acertadamente la postura de "gallina en un palo". Se sienta en una silla en una postura parecida a la gallina en el palo (nada cómoda para dormir) y ale....
Después de llorar de risa con la posición de la gallina, L. y E. pasaron a relatarnos la burrada que soltó hacía unos días. Estaban hablando de la serie "Juego de Tronos" y esta chica dijo que no sé qué actor de la serie era muy alto, y que te coje y te empotra... del verbo EMPOTRAR... Ante esto E. decidió ir al baño (de alguna forma intuyó que después de aquello vendría algo peor) y esta chica, volviendo al señor empotrador dijo que como dice una amiga suya, ese señor te pone "aquello" a punto de nieve... L. se quedó sin respiración y cuando E. volvió y pudo contárselo casi le da un parraque. He de decir que yo he sido sutil y he utilizado el eufemismo "aquello" pero que esta chica NO lo hizo.
No tenemos ninguna confianza con ella ni la conocemos demasiado, una cosa es bromear de cuatro chorradas sin importancia para pasar el rato, y otra no firltrar lo que se dice... Tal vez penséis que soy un poco extremista, pero es que yo creo que con 32 años, uno ya debe haberse planteado, aprender a filtrar (antes de hablar).
Es una cuestión a la que he llegado observando a mi alrededor y preguntándome a qué edad piensa la gente usar la cabeza y hablar habiendo pensando antes en lo que dice... Me refiero a gente que pasa (o ha pasado) más o menos por mi vida, aunque afortunadamente no son personas a las que trato a diario aunque sí con frecuencia. Yo siempre he sido muy impulsiva, y es cierto, que alguna que otra vez mis impulsos me han puesto en un aprieto por bocazas, me he ido puliendo yo misma, y con los años he aprendido a ser mucho más prudente y a soltar burradas cuando estoy en total confianza. También es verdad, que esa etapa bocazas de la que os hablo, pues era en mi adolescencia y adultez (os hablo de entre los 16 - 19 años) que quieras que no, es una etapa de aprendizaje en la que uno poco a poco va comprendiendo que debe pensar antes de hablar. Bien es cierto que mis "amistades" en esa época en lugar de comprenderme, tener paciencia y aconsejarme bien (porque yo no era consciente de tales burradas y no pensaba que pudiera ofender o sentar mal), me dieron de lado e hicieron el vacío sin que obviamente yo comprendiese nada, y al final comprendí que eso no eran amistades verdaderas y que era mejor estar sola que mal acompañada.
Afortunadamente la vida me ha premiado con amigas como L. y E. con las que estoy absolutamente en confianza y me conocen, podemos decir las burradas que queramos sin sentirnos juzgadas, y reírnos tan a gusto de la vida. Esa es la cuestión, que hay que ver en qué contexto se dice... El fin de semana pasado (este no el anterior), aunque me tocó trabajar L. y su marido organizaron una cena improvisada en su casa, a la que acudimos y C. y su pareja J. y E. y yo. Bien, en medio de la cena no recuerdo exactamente a cuento de qué, comenzamos a hablar de trabajo, concretamente de la chica que nos sustituye a E. y a mí cuando nos pedimos algún día.
Es una chica que nos está sustituyendo desde Navidad, no es mala chica pero me pone un poco nerviosa porque le falta un hervor. La clásica chica modosita y tímida pero que REPITO, le falta un hervor. Tiene que asistir un día a la semana (mañana o tarde) a la ofi para ponerse al día de lo que ha sucedido durante la semana, a modo de reciclaje, y así cuando le toque sustituir estar al corriente de lo que ha ido sucediendo. Pues bien, la chica que la única labor que le conocemos es acudir una tarde a la semana a una academia para preparar las mismas opos que yo, y una labor de voluntariado, suele acudir los fines de semana a la ofi.... Sí esos dos días que E. y yo trabajamos porque no nos queda otra pero que odiamos, y si desde luego nos dieran la opción de acudir cualquier mañana o tarde de la semana, lo último que haríamos sería acudir en fin de semana... La rabia que me da es que los fines de semana NO hay trabajo, y como no hay trabajo pues no se recicla, y si encima le faltan unos POCOS de hervores pues... francamente me preocupa. Pero si luego no sabe hacer nada ella allá... yo no pienso cogerle el teléfono si me llama...
El caso es que como se aburre pues a veces (sobretodo cuando va por las mañanas), se mete en el cuartillo de los chismes a dormir un ratito, en lo que L. denomina muy acertadamente la postura de "gallina en un palo". Se sienta en una silla en una postura parecida a la gallina en el palo (nada cómoda para dormir) y ale....
Después de llorar de risa con la posición de la gallina, L. y E. pasaron a relatarnos la burrada que soltó hacía unos días. Estaban hablando de la serie "Juego de Tronos" y esta chica dijo que no sé qué actor de la serie era muy alto, y que te coje y te empotra... del verbo EMPOTRAR... Ante esto E. decidió ir al baño (de alguna forma intuyó que después de aquello vendría algo peor) y esta chica, volviendo al señor empotrador dijo que como dice una amiga suya, ese señor te pone "aquello" a punto de nieve... L. se quedó sin respiración y cuando E. volvió y pudo contárselo casi le da un parraque. He de decir que yo he sido sutil y he utilizado el eufemismo "aquello" pero que esta chica NO lo hizo.
No tenemos ninguna confianza con ella ni la conocemos demasiado, una cosa es bromear de cuatro chorradas sin importancia para pasar el rato, y otra no firltrar lo que se dice... Tal vez penséis que soy un poco extremista, pero es que yo creo que con 32 años, uno ya debe haberse planteado, aprender a filtrar (antes de hablar).
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